lunes, 11 de octubre de 2010

EL MANDO ÚNICO POLICÍACO, SÍNTOMA DEL AUTORITARISMO CALDERONISTA

EL MANDO ÚNICO POLICÍACO,

SÍNTOMA DEL AUTORITARISMO CALDERONISTA

8 de octubre de 2010

Guillermo Luévano Bustamante

1. Entre los especialistas de ciencias penales, suele hacerse un énfasis en la distinción que existe entre la Política Criminal y la política criminal. La primera es el campo disciplinar que comprende los estudios que se enfocan a las decisiones públicas, jurídicas y administrativas que toman los gobiernos para entender, resolver, prevenir y sancionar los problemas derivados de la incidencia delictiva. La segunda acepción hace alusión a una forma de gobernar que resulta violenta, deslegitimando así las decisiones y acciones del poder político, en contra de los mismos gobernados.

2. En el caso de la Política Criminal de Calderón, bien valdría decir que es a la vez una política criminal. Felipe Calderón –presidente por decisión del Tribunal electoral- entregó la mañana del 6 de octubre de 2010 ante el Congreso de la Unión una iniciativa de Reforma Constitucional que entre otras cosas pretende crear un mando único para todas las policías del país.

3. Aseguran los funcionarios del gobierno federal que la solución a los problemas asociados con la delincuencia es concentrar el control de las corporaciones policiacas en una gran dirección nacional. Los argumentos a favor de esa iniciativa se basan en estadísticas, que por sí solas no dan cuenta de muchos puntos centrales que abonen a la intención centralizadora del que se dice presidente de la República; que el 90 de los delitos que se cometen en México son del fuero común, y que la proporción es la misma en cuanto a los elementos policíacos del país, mientras que 400 000 son municipales y estatales, solo 30 000 son federales.

4. Calderón sostiene que los cuerpos de seguridad municipales son más vulnerables y frágiles, que por ello se hace necesario que los federales se hagan cargo y que de hecho eso ha justificado la irrupción de miembros del ejército desempeñando funciones de policía, inconstitucionalmente, pero sobre todo, de manera desastrosa en cuanto al tema del respeto a los Derechos Humanos.

5. El mando único de policía implica un retroceso enorme en el ámbito de la procuración de justicia. La intención centralista del titular del ejecutivo –a la fuerza- va a contracorriente de los supuestos avances democráticos en otras aéreas de la vida pública. Si lo que pretende es garantizar la seguridad de los ciudadanos, es indebido que se anteponga como pretexto para soslayar otros principios democráticos.

6. Es complicado implementar el modelo, aunque esa no es razón suficiente para desecharlo, si lo es el hecho de que se opone al esquema básico de los Estados Democráticos de Derecho y contra la definición misma de nuestro país, pues no es Republicana, no promueve el Federalismo, ni se constriñe a los lineamientos de la Democracia contemporánea:

6.1. En primer lugar, atenta contra el principio republicano de la división de poderes: plantea un mando de policía que depende del poder ejecutivo, pero que realiza funciones de auxilio para el poder judicial. Esto implica que el ejecutivo tenga injerencia indebida sobre las libertades individuales, lo que hasta ahora es exclusivo del poder judicial mediante procesos jurisdiccionales de por sí cuestionables y dudosos, en muchas ocasiones.

6.2. En segundo término, atenta contra el principio federal de organización política. El titular del ejecutivo y el secretario de seguridad pública del gobierno federal tendrían atribuciones enormes dentro de los estados y con más peso dentro de los municipios. Con ello se vulnera flagrantemente su de por sí endeble autonomía política, so pretexto de su precariedad económica, lo cual se vuelve de hecho un argumento de poder financiero: los municipios más ricos tendrán más peso frente a la intromisión del gobierno central, los más pobres quedarán a merced de las decisiones del mando único.

6.3. En tercer lugar violenta la noción moderna de democracia. Entre más delegado y dividido está el poder, es más democrático, entre más concentrado es tendencialmente absoluto y por lo tanto autoritario.

7. Calderón se empeña en combatir la delincuencia, o al menos en decir que la combate, a través de militares y policías. Sostengo que el origen se encuentra en una política económica que favorecer el incremento del poder de entidades privadas, en detrimento del soberanía y por lo tanto del poder punitivo del Estado.

8. Muchos otros factores han originado la crisis de inseguridad que hoy padece el país, la mayoría están asociados a desaciertos del gobierno federal, de esta y de las anteriores administraciones. Pero el mando único no se vislumbra como una solución pronta y eficaz, ni siquiera sensata, pero sobre todo es un síntoma clarísimo de la cortedad del gobierno calderonista y de su desprecio por la República Federal y Democrática, que al menos en el nombre pretendíamos ser.